Contexto

Latinoamericano

El contexto mundial de la Guerra Fría entre las potencias luego de la Segunda Guerra Mundial influyó profundamente en la historia latinoamericana. En este reparto del mundo entre las dos posiciones ideológicas América Latina quedó bajo la hegemonía estadounidense con una posición anticomunista. Esta dependencia se manifestó en la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también llamado Tratado de Río, firmado el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro, mediante el cual se establecía que cualquier país que recibiera el ataque de un país no asociado recibiría el apoyo de los miembros del TIAR. Esta instancia fue una forma de control de Estados Unidos sobre América Latina en su lucha contra la injerencia de la Unión Soviética y el comunismo en la región.

Durante la década de 1950, si bien los países latinoamericanos se mantuvieron bajo la hegemonía del norte, surgieron también en algunos de ellos tensiones internas y nuevas propuestas políticas de carácter popular que buscaban seguir un camino de mayor independencia. La Revolución Nacional boliviana, el Peronismo en la Argentina y el último gobierno de Getulio Vargas en Brasil marcaron esta tendencia. Por su parte en Cuba, en oposición al gobierno dictatorial de Fulgencio Batista, se desarrolló un amplio movimiento popular que seguía el ejemplo de la guerra de liberación que se había desarrollado en países como Argelia. A fines de 1959 la guerra concluyó con el triunfo revolucionario. De esta manera, al inicio de la década de 1960, Latinoamérica se hallaba en una situación tensa en la cual se enfrentarían dos posiciones: la primera, mayoritaria, de apoyo al capitalismo, y la segunda, minoritaria pero altamente combativa, que preconizaba el socialismo.

El foquismo y la Doctrina de Seguridad Nacional

Luego de la consolidación de la revolución cubana, que se debió en parte al apoyo de la Unión Soviética, se inició una política de expansión de la misma a partir de la ideología del foquismo. Esta postura consideraba la existencia de una vanguardia revolucionaria que a partir de la lucha armada podría extender la liberación de los pueblos oprimidos por el sistema capitalista, por lo que preconizaba la constitución de militantes altamente activos política y militarmente que llevarían la revolución mediante la conformación de grupos guerrilleros de vanguardia. En contraposición, en Estados Unidos, derivada de la doctrina del Estado de Seguridad Nacional, se fue fortaleciendo la llamada Doctrina de Seguridad Nacional desarrollada para América Latina. La misma se sustentaba en la necesidad de establecer una guerra frontal contra el comunismo internacional y sus agentes soviéticos y cubanos; la existencia de un enemigo interno en cada país, representado por agentes locales del comunismo, dio lugar a una guerra interna, de ahí que era fundamental el control militar del Estado que llevaría a cabo una guerra contrainsurgente. La expansión de la Doctrina de Seguridad Nacional se dio a través del entrenamiento de militares latinoamericanos en las academias militares norteamericanas, fundamentalmente en la Escuela de las Américas ubicada en la zona del Canal de Panamá, que dependía entonces de Estados Unidos.

América Latina vivió en la década de 1960 una serie de tensiones y conflictos en medio de posiciones cada vez más radicales, entre los cuales se pueden señalar los golpes de Estado militares en Brasil, Argentina y Bolivia, mientras en varias regiones se daba un aumento del poder militar en otros se producían incluso intervenciones militares por parte de Estados Unidos, como el intento de invasión de la Bahía de Cochinos en 1961, el envío de marines a República Dominicana en 1965 y la intervención estadounidense de Guatemala en 1966. La izquierda influida por la doctrina del foquismo desarrolló proyectos guerrilleros en Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay y Colombia, frente a ella las fuerzas armadas formadas bajo los principios de la Doctrina de Seguridad Nacional empezarán a buscar asumir el poder político ya sea de forma directa, como en Bolivia o Argentina, o de una forma indirecta, como en Colombia.

La región presentó tensiones permanentes de los gobiernos militares derechistas dirigidos a proyectos desarrollistas y decididos a controlar el crecimiento de las doctrinas socialistas, comunistas, organizaciones obreras, estudiantiles y campesinas con una fuerte formación marxista que buscaban la liberación nacional, muchas veces a través de la lucha armada. De esta manera la segunda mitad de la década de 1960 se caracterizó por una tensión permanente entre gobiernos militares y grupos insurgentes. La formación de grupos guerrilleros así como las luchas sociales generaron violencia política permanente en Perú, Argentina, Bolivia y Colombia.

El enfrentamiento entre socialismo y capitalismo se profundizó con posiciones más drásticas por parte de Estados Unidos. De esta manera se expandió la Doctrina de Seguridad Nacional en varios países latinoamericanos. En Brasil los gobiernos militares llevaron a cabo un amplio proyecto de hegemonía regional que se conoció como “subimperialismo brasilero”; se trataba de una política hemisférica relacionada no solo con la lucha anticomunista, sino también con una política económica ligada al desarrollismo y a la apertura del capitalismo norteamericano.

Las dictaduras y el terrorismo de Estado

En Argentina se vivió una primera etapa de dictadura militar bajo el gobierno de Juan Carlos Onganía quien desarticuló la capacidad de movilización de los sindicatos, suspendió la actividad política e instauró la censura de la prensa. Frente a los gobiernos militares surgieron movimientos de izquierda juveniles, la llamada Nueva Izquierda y organizaciones guerrilleras dispuestas a usar las armas para la lucha por el poder. Entre ellos aparecían grupos ligados a la Teología de la Liberación, grupos afiliados a los partidos tradicionales de izquierda y miembros de las juventudes peronistas. A partir de 1968 se formaron grupos guerrilleros, de los cuales se pueden citar el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y a Montoneros.

Los sucesores de Onganía no lo lograron consolidar el poder militar y tuvieron que convocar a elecciones, aunque en las mismas se impidió participar al líder del partido justicialista, Juan Domingo Perón. A pesar de ello, salió ganador de las elecciones Héctor Cámpora, candidato nombrado por el mismo Perón. Las elecciones se dieron en un ambiente tenso por el crecimiento de grupos políticos que habían optado por la lucha armada. El gobierno de Cámpora se desarrolló en medio de la lucha interna dentro del peronismo, la cual se profundizó luego del retorno del líder a Buenos Aires. Como consecuencia Cámpora renunció y el gobierno interino convocó a nuevas elecciones en las que salió triunfador Juan Domingo Perón y su esposa María Estela Martínez.

Perón no pudo lograr una unidad en su propio partido, escindido entre un bloque de derecha y otro de izquierda, tensión que se fortaleció por la enfermedad del líder. A su muerte le sucedió su esposa María Estela Martínez, quien se apoyó en el bloque derechista del partido, sobre todo en su ministro José López Rega, quien promovió el surgimiento de grupos paramilitares que llevaron a cabo acciones de represión violenta a través de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). El desgobierno y la violencia fueron generales. Poco a poco el poder fue copado por los militares que empezaron a presionar para la renuncia de la presidente. Ante su negativa, el 24 de marzo de 1976, la presidente María Estela Martínez de Perón fue arrestada, mientras una junta militar anunciaba que tomaba el poder, disolvía el Congreso, reemplazaba a todos los miembros de la Corte Suprema e intervenía todas las provincias.

El gobierno que le sucedió, dirigido por el militar Jorge Rafael Videla, llevó al extremo los principios de la Doctrina de Seguridad Nacional llegando a un terrorismo de Estado. Durante los llamados “Gobiernos de reconstrucción Nacional”, bajo los gobiernos de Rafael Videla, Roberto Viola, Leopoldo F. Galtieri y Reynaldo Bignone, que duraron desde 1976 hasta 1983, se violaron sistemáticamente todos los Derechos Humanos bajo un sistema planificado de terrorismo de Estado que contemplaba acciones como:

  • Control total de los medios de comunicación mediante la censura.
  • Desconocimiento de las organizaciones políticas y persecución de sus miembros.
  • Represión sobre los sindicatos y sus dirigentes.
  • Detenciones no judiciales.
  • Creación de centros clandestinos de represión en todo el territorio argentino.
  • Torturas sistemáticas a los detenidos.
  • Desaparición de entre 9.000 y 30.000 personas en calidad de detenidos.

En 1982, al ver que su poder disminuía, los militares argentinos se embarcaron en una guerra internacional, la Guerra de las Malvinas contra Gran Bretaña. Su aventura terminó de forma dramática, lo que los obligó a renunciar al poder y convocar a elecciones. En las mismas ganó Raúl Alfonsín, quien llevó a cabo un juicio a los comandantes de la Junta de Gobierno y varios otros comprometidos con la represión. Para ello se organizó una comisión dirigida por el escritor Ernesto Sábato que en su informe “Nunca más” dio cuenta de la violación sistemática de los derechos humanos.

En Chile el socialismo subió al poder de forma democrática bajo el liderazgo de Salvador Allende. Algunas de sus medidas, como una nueva política de tierras y la nacionalización de empresas, perjudicaron a los grupos de poder y crearon descontento en las Fuerzas Armadas, las cuales –apoyadas por parte de la población– dieron un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973 bajo la dirección del Gral. Augusto Pinochet. Durante este gobierno, que se prolongó hasta 1990, se siguieron los principios de la Doctrina de Seguridad Nacional habiéndose producido detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones. En el aspecto económico Pinochet instauró bajo supervisión norteamericana el liberalismo, generando desarrollo económico en el país, lo que permitió mantener el régimen muchos años.

En países como Perú, Brasil y Uruguay también se impusieron gobiernos militares directos o indirectos que siguieron la Doctrina de Seguridad Nacional. En general, durante la década de 1970, todo el Cono Sur quedó bajo el poder militar, con regímenes similares, aunque con niveles diferentes de imposición de la Doctrina. Así, en el Perú el gobierno nacionalista del Gral. Juan Velasco Alvarado fue sustituido por el de Francisco Morales Bermúdez, más cercano a la Doctrina de Seguridad Nacional; por su parte, en Brasil los gobiernos militares gobernaron controlando la oposición y despolitizando el país hasta 1985; en Uruguay se produjo un sistema de apoyo al poder militar bajo el discurso de represión a los grupos guerrilleros como los Tupamaros y, finalmente, en Paraguay, país que se caracterizó por un fuerte poder militar desde el fin de la Guerra del Chaco, la dictadura del Gral. Alfredo Stroessner se mantuvo desde 1954 hasta 1989.  En general, a lo largo de la década, se dio un viraje hacia la derecha en la gran mayoría de los países latinoamericanos, siendo el Plan Cóndor el proyecto más importante de la coordinación de la represión entre los países del Cono Sur. Mediante este plan se estableció la posibilidad de intercambiar detenidos políticos de forma clandestina entre Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia.

Los gobiernos militares de la Seguridad Nacional fueron acompañados por políticas económicas desarrollistas y/o liberales que aprovecharon inicialmente el boom de la producción petrolera, pero desde 1975 vivieron una crisis que llevó al endeudamiento generalizado. Esta crisis económica fue acompañada por un cambio en la política exterior estadounidense que bajo el gobierno de Carter empezó a ocuparse de la defensa de los derechos humanos.

El fin de las dictaduras

El debilitamiento del poder económico y la lucha por los derechos humanos obligaron a los militares a buscar formas de salir del poder. En Argentina, la derrota en la Guerra de las Malvinas marcó el fin del poder militar; en Bolivia éste se dio por los excesos y la falta de apoyo internacional al gobierno de Luis García Meza; por su parte, en Brasil, el gobierno militar presionado interna y externamente también convocó a elecciones pero controladas, frente a esta limitación de la participación democrática surgió el movimiento de “Directas Ya”, una campaña política llevada a cabo entre 1983 y 1985 que reivindicaba el derecho a elegir al presidente del país por voto directo de los electores y aunque en enero de 1985 las elecciones en Brasil fueron ganadas por Tancredo Neves, el mismo falleció de cáncer antes de su toma de posesión y fue sucedido por su vicepresidente, José Sarney, demócrata de último momento. Para 1985 solo Paraguay y Chile mantenían gobiernos militares, el primero bajo la férrea dirección de Alfredo Stroessner y el segundo bajo el gobierno de Augusto Pinochet desde 1973